lunes, 10 de noviembre de 2014

El último nombre de Jesús

Las dos y media de la mañana , dos grados bajo cero, el pavimento casi  congelado  sobre la plaza de San Miguel de Almazan , solo se escuchan unos pasos apresurados hacia la iglesia,  el taconeo de un párroco sujetando   bajo su brazo izquierdo una mochila de cuero que le cuelga de su hombro , con la otra mano  se tapa medio rostro con una bufanda para protegerse del frío. Aún así puedo observar como  su aliento convertido en vaho  por el frío atraviesa su bufanda . Por su manera de respirar intuyo  que tiene prisa y  que lo que protege bajo  su brazo izquierdo lo   incomoda. Además de entender  que sacar a una persona   de su casa a estas horas y con el frío que hace, debe tener carácter urgente y de no querer ser visto  por nadie. Accede a la parroquia por una puerta lateral ,  al empujarla está  se abre, lo estaban esperando.
Habían pasado doce minutos cuando se volvió  a abrir la puerta, salió el párroco  esta vez con su mochila en el vientre  cruzando los brazos sobre  ella, empezó a correr hacia mi posición, no llevaba la bufanda en su rostro y de lejos pude ver  como el vaho  de su aliento dejaba una estela tras él.   Me incorpore rápidamente, apagué el cigarrillo que estaba fumando y arranque el coche, abrió la puerta trasera y se metió dentro. 
- A San Esteban de Gormaz .
Casi no le salía la voz ,  sin mediar palabra arranque y cumplí ordenes . 
San Esteban de Gormaz era otra parroquia a las afueras de la ciudad , la oscuridad de aquellos caminos entre acantilados de montaña y el frío que me empañaba  los cristales no me dejaba apartar los  ojos de la carretera. Su respiración al principio era fuerte pero conforme íbamos alejándonos   de la iglesia parecía ir relajándose . Una de las veces lo miré  por el espejo retrovisor y llegué a ver  como manipulaba su móvil ,  por el  nivel de concentración iba mandando algún tipo de mensaje importante sobre la reunión mantenida en la iglesia de San Miguel. Con la luz tenue del móvil le pude ver medio rostro, estaba pálido , los ojos se fijaban en el móvil como si su vida dependiera de ello. Le pregunté ...
- ¿ Se encuentra usted bien padre ? 
No levanto la mirada del móvil y  ni tan siquiera hizo atisbo de contestación.  Yo ya estaba acostumbrado, además a mi no me pagaban para eso. Trabajaba como chófer para  instituciones o empresas que querían hacer recados o entregas un tanto delicadas. Mi discreción estaba asegurada, uno de mis contratos era no saber nunca lo que transportaba ni a quien.

Fui observándolo todo el camino hasta que llevamos un sobresalto, al volver la mirada hacia la carretera un animal que nunca logré  identificar se me cruzó  teniendo que frenar de golpe. El cuerpo del párroco se despidió hacia delante metiendo medio cuerpo entre los dos asientos delanteros , todo fue un susto no impacte contra nada aunque tuve que frenar de golpe.  
-¿ Se encuentra bien?
No contestaba así que lo incorpore hacia atrás, su rostro estaba frío como el mármol y  su mirada fija en el horizonte. 
Bajé rápidamente del coche y abrí la parte trasera para ver la situación  del párroco.  No respiraba, no tenía pulso  y se había quedado rígido como el hierro. Los brazos todavía abrazaban su mochila de cuero apoyadas en el vientre,  hice un gran esfuerzo para mover sus brazos y arrancarle la mochila, estaba llena de sangre y sus manos también, en su vientre un agujero de bala , que más que de bala era que lo habían encañonado de cerca. Mi trabajo se complicaba ,  busque mi teléfono en la guantera del coche para llamar a la persona que me había contratado. Tenía un mensaje,  justo era de  ella.

"No hablé , lo escuchan todo, diríjase  a la Iglesia de San Esteban de Gormaz y busque a  Don Aurelio  ,  entregué  la mochila, él sabrá lo que tiene que hacer"

Llamé al número de teléfono ,  primero se iluminó la parte trasera del coche y luego sonó en los pies del párroco.
Lo saqué del coche y lo metí en el maletero, cuando hablará con Don Aurelio decidiría que hacer con él, de momento tendría que limpiar mis huellas para no estar involucrado en este asunto que se tornaba negro.
Pronto llegué a la iglesia de San Esteban de Gormaz,  era una iglesia Románica del siglo XI ,  estaba en alto ,  aparque el coche en  un descampado y ascendí  por unas escaleras pedregosas que con la humedad y el frío  se volvían peligrosas. El el lateral había como una abadía, una de las puertas estaba abierta, accedí a la iglesia, todo estaba oscuro , aunque intentaba que mis pasos fueran sigilosos el eco de aquel lugar oscuro y vacío, los hacían  sonar   por toda la iglesia. El suelo era de granito, un montón de filas de bancos vacíos llegaban  hasta el altar de la iglesia , encima del altar la imagen de San Esteban y más arriba una vidriera circular con cristales de colores, por ellos se colaba la única luz del exterior que era la de la luna llena. Fui ascendiendo por uno de los pasillos laterales dirección al altar, las paredes del lateral estaban llenas de santos ,  bustos de vírgenes y apóstoles.  Al final una puerta pequeña por la que irradiaba una luz por debajo de ella. La puerta no media más de 1.55 metros  de altura, era muy estrecha , la empuje estaba abierta, un pasillo  hacia abajo lleno de escalones y un olor terrible a humedad se desprendía. Descendí lentamente  mochila en mano esperando ver abajo a Don Aurelio , al final de la escalera una sala  con una luz que nacía  de una bombilla que colgaba del techo. ¿Qué  era está  sala? ,  parecía un taller donde Don Aurelio mataba su tiempo libre ,  había una mesa larga de madera pegada a la pared y un montón de herramientas típicas de un zapatero, una escalopina, un martillo remendón, una manopla. De las paredes colgaban muchas botas de diferentes números, tanto de niños como de  adultos. Sobre la mesa habían suelas de zapatos como si hubiera dejado un trabajo a medias, seguramente Don Aurelio arreglaba zapatos para luego repartirlos entre los más desfavorecidos del pueblo. Otra puerta daba a otra sala contigua , esta vez si parecía ser el despacho de Don Aurelio. Estaba oscuro, encendí mi zippo para buscar el interruptor en la pared, lo encontré y  encendí.  Estaba todo revuelto , alguien había llegado allí antes que yo, me vino a la cabeza que por eso estaban todas las puertas abiertas, alguien y debía ser alguien gordo, buscaba lo que yo tenía entre mis manos. Me apresuré a salir de aquella iglesia, no pintaba nada bien, cuando llegue a la altura de la iglesia empecé a andar todavía más lento que cuando había entrado, fui avanzando hasta llegar a la puerta principal, miré  hacia el altar cuando en la primera fila se podía ver a una persona arrodillada rezando hacia el santo . 
Don Aurelio -pensé yo hacía mis adentros- le entrego la mochila y me voy . Me apresuré para  llegar a su altura , era un hombre de baja estatura, iba con una túnica marrón oscura y la parte de atrás de su cabeza que es lo primero que vi no tenía pelo.
-Don Aurelio,  Don Aurelio. ..
No me contestó así que le toqué el hombro levemente hasta que su cuerpo cayó hacia atrás desplomándose en el suelo.   
Hasta entonces  ya estaba empantanado hasta las cejas ,  alguien iba detrás  de lo que quisiera que guardaba esa  mochila y la entregará o no , me iba a costar la vida, así que había llegado el momento de ver lo que contenía.

Solté la hebilla de un cinturón que cerraba  la mochila y la abrí. Dentro una carta , pañuelos con un logotipo bordado y una biblia . Tomé    la carta , estaba abierta y su fecha de emisión era de hace dos días. El sello de emisión lo reconocí enseguida, venía de la Santa Sede del Vaticano.

Estimado Carlos
He recibido su atenta carta fechada el pasado día 22 de Noviembre  ,  donde pones en conocimiento al Santo Padre de una nueva y peligrosa orden creada bajo el nombre de - El último nombre de Jesús-
Tras varias semanas de investigación, me pongo en contacto con usted para advertirle de sus peligros reales ,  es una agrupación  conformada por una secta que  abarca desde personas de alto nivel cultural, hasta grandes empresarios y altos cargos de la sociedad  española, y desde hace unos meses hacia acá , párrocos y obispos.  Lo que me preocupa de ellos no es su gente ,  es su líder.  Mons Señor Martinni,  un obispo expulsado de la Santa iglesia por tener unos pensamientos y acciones diferentes a las del Santo padre , su poder de convicción  esta arrastrando a mucha gente de la iglesia hasta el punto de estar poniendo en peligro nuestra institución, su objetivo es el poder y el control de la iglesia . Su búsqueda se centra en un manuscrito que dejó un apóstol  con el último nombre que pronunció Jesús antes de ser crucificado.  Con ese nombre se podrían desenscriptar  las palabras claves de la biblia y con ello cambiar todo el concepto de lo que entendemos por iglesia. 
Sólo usted, el Padre Matías y el Padre Aurelio son conocederos del paradero de dicho manuscrito en todo el mundo . Y así debería seguir siendo . El manuscrito no debe salir de su ubicación, pues si así fuera correríamos el peligro de que cayera en manos de personas indeseables.
Ante la verdadera amenaza que ustedes corren por sus vidas o la posibilidad de ser captados por dicha orden , enviamos un emisario que se reunirá con ustedes en tres días. Su nombre se guardará en el anonimato. Reuna por favor a los otros dos padres con usted en el lugar donde se encuentra el manuscrito , el enviado se pondrá en contacto con usted y sabrá donde debe ir.
Para finalizar esta carta , recordaré que si alguno de ustedes sintieran la tentación de sumarse a dicha orden, ruego pónganse en contacto con la Santa Sede. Créanme con seguridad que su Santa  Sede los tendrá presentes en sus oraciones.
Con mis mejores deseos de bien, aprovecho la oportunidad para manifestarles las expresiones de mi consideración y estima en Cristo.
Fdo.  Mons George Fratelo. 

El párroco que llevo en el maletero debe de ser Don Carlos, debiera de estar avisando a los otros dos párrocos para reunirlos ante la llegada del enviado. El padre Matías debe ser el de la Iglesia de San Miguel de Almazan. Seguramente cuando llegó Don Carlos ya había llegado alguien, al igual que aquí. Me pregunto ahora si lo que se me cruzó en la carretera era un animal.
Muchas dudas surgían en mi cabeza pero no tenía tiempo de ponerme a pensar en ellas. Me pregunté dónde debería guardar algo Don Aurelio referente al lugar donde se encontraba el manuscrito , porque lo que tenía claro es que lo de la carta ya no era secreto y no es la carta lo que iban buscando.

Le arranque los dos zapatos y baje nuevamente a la sala donde tenía las herramientas, con unas grandes tenazas arranque las suelas , en la izquierda no llevaba nada y en la derecha. . . ¡Bingo! 
Una llave de cobre de unos seis centímetros con una cabeza de ciervo encajada en un molde hecho sobre la suela del zapato. 
Esa cabeza de ciervo la había visto unos minutos antes , volví a sacar los pañuelos de la mochila y coincidían,  los logotipos bordados en una de las esquinas de  los pañuelos eran cabezas de ciervos. Despegue los pañuelos y en uno de ellos también bordado  ponía " Parc. 8 / 24 "
Debía de ser una dirección y las únicas direcciones que conocía con esa nomenclatura, era en los cementerios.  Y el cementerio de la ciudad estaba justo detrás de esta iglesia.
Subí las escaleras todo lo que daban mis piernas ,  abrí la puerta está vez sin  parar ni pensar si hacía  ruido o no ,  nada más salir frente a mí, un tipo encapuchado con una túnica marrón oscura. Me pare a cinco metros de él.   No le podía ver la cara ,  llevaba un cinturón hecho de cuerda y un crucifijo a la altura del estomago,  un atuendo típico de monje.
- Le advierto que voy armado. Es lo primero que se me ocurrió. 
-No debe usted preocuparse, soy el enviado. 
-A estás alturas de la partida me basta para saber que el enviado no es otro que usted, y que su nombre es Mons George Fratelo.  Que usted es el culpable de  la muerte de los tres párrocos  para que ninguno de ellos pudiera destaparlo, que  va buscando la puerta hacia el manuscrito y que aún no ha encontrado nada. 
-Veo que para ser un simple chófer es usted muy ágil. Su mismísima Santidad me puso a mi a cargo de este asunto al recibir una  carta de el padre Carlos.  
-¿Cuánta  gente del propio Vaticano esta implicada en esto?
- La pregunta es ¿cuánta gente no la hay?
Hay muchos intereses bajo ese manuscrito .
- Pero sin los tres párrocos  vivos ¿ Cómo saber donde se  ubica el manuscrito? 
Sacó su mano de la túnica y me apuntó con una pistola, no me dio tiempo a reaccionar cuando la disparó sobre mi cuello, eran dardos.
-Pronto el veneno empezará a hacerle efecto ,  en media hora estará usted muerto como el padre Aurelio, empezará por un calor sofocante y luego notará un frío aterrador, empezará a notar los latidos de su corazón en la garganta y luego en las sienes, empezará a costar le respirar y acto seguido le pesarán las piernas y  brazos, no podrá articular palabra , su lengua se volverá un trapo, la visión será borrosa y doble ,  hasta ahí todo perfecto. A partir de aquí no hay vuelta atrás , empezará a tener una serie de arritmias hasta sufrir un infarto y quedarse rígido como el hierro.

Vaya eso me suena, no había terminado de hablarme cuando ya empezaba a notar un calor dentro de mi cuerpo.
Me arranque hacia él  y le empuje , salí corriendo de la iglesia, mi coche ya no estaba donde lo dejé. La única opción que tenía era llegar hasta la dirección del pañuelo y poder alcanzar el manuscrito para destruirlo antes de que cayera en manos de esta orden de depravados. 
Llegué al cementerio, por mi cuerpo ya había pasado el frío que me comentaba y empezaba a notar como el corazón se me subía a la garganta, eso no me impidió que saltará la pareta de dos metros que me separaba del cementerio. Ya estaba dentro , disponía de poco tiempo así que empecé a correr en busca de la parcela 8/24 . Con la única luz de la luna y con una imagen tétrica de un cementerio nocturno llegué  a la parcela 8,  todo lo que había eran panteones, aquel cementerio era gigante así que ahora me quedaba buscar el panteón número 24. Las sienes me iban a estallar,  el dolor de cabeza era insoportable, la numeración de los panteones iban de dos en dos, a la izquierda los impares y a la derecha los pares, un panteón gigante a unos metros parecía que iba ser el que yo iba buscando, miré su número y marcaba "22" el siguiente era el que mio .  No había nada, limpié  el número que estaba a mis pies lleno de tierra y barro y marcaba "24". No había Panteón, cuatro metros cuadrados de arena y barro.  
Hasta aquí había llegado, el dolor de piernas y brazos que empezaban a pesarme era la señal de que poco podía hacer ya. Me deje caer en la arena de rodillas cuando al caer noté  como el suelo de aquella parcela no era tierra si no hierro, limpié la superficie con las pocas fuerzas que me quedaban y allí estaba ... una cabeza de ciervo grabada en una puerta metálica en forma de trampilla. Busqué  la cerradura y utilicé la llave para abrirla. Notaba ya como mi lengua se dormía y como empezaba a costarme respirar. Levanté  la puerta de hierro y levanté una gran polvareda, no veía nada , saqué  mi zippo y encendí para empezar a descender al panteón. Estaba todo lleno de telarañas, allí parece no haber entrado nadie en siglos, quizá la última vez cuando los tres párrocos entraron para ocultar el manuscrito. Perdí  la noción de los metros que había bajado , mi visión se empezaba a emborronar y la falta de oxígeno tanto de aquel lugar como la del veneno , empezaban a crearme una cierta descordinacion en mis actos. Llegué a una bóveda,  las fosas estaban en las paredes, todas ellas de mármol.    En el suelo tallado en piedra aunque no pude ver lo que ponía en latín, si llegué  a leer quien ocupaba esas fosas.
Allí yacían los infantes de Carrion acompañadas de las hijas del Cid campeador.  No entendía nada ni porque yo estaba allí, me puse en pie antes de perder la visión del todo, en mi mano derecha el zippo y con la izquierda palpando las paredes de las fosas buscando una  cabeza de ciervo. Miré  por todas las fosas pero mis fuerzas no dieron para más y me derrumbe en el suelo , caí de lado golpeandome fuertemente la cabeza contra el suelo, empezaron a darme las primeras arritmias y mis ojos persiguieron la única luz , la de mi zippo, que había caído en el suelo junto a una fosa pegada en la pared , la única que no llegué  ni a ver, tras mi zippo se iluminó abajo en la pared...
"El último nombre de Jesús " y una cerradura con una cabeza de ciervo. 
No daba para más,  un calor note en la cara y una iluminación de la bóveda,  mi visión era borrosa pero me bastó para ver la figura de un monje. Lo último que note antes de cerrar los ojos, fue que se paralizaba el corazón y que el monje me cerró los ojos.

Oscuridad...
No se si estoy vivo o muerto, intento levantarme pero no puedo,noto las manos y mis pies, me cuesta respirar pero al parecer es por la falta de oxígeno,  estoy encerrado en algún sitio, intento meter las manos en mis bolsillos pero no tengo mi zippo,  en su lugar tengo mi móvil.  No tengo cobertura pero alguien antes me ha dejado un mensaje,  el número lo conozco es de Don Carlos.

" Querido amigo
Sí está usted leyendo este mensaje es que esta vivo, de momento, no intenté hacer nada, no tiene cobertura, si grita o patalea nadie lo escuchará, esta usted enterrado en la fosa , pero sin el manuscrito, el manuscrito lo tengo yo. Nadie nunca lo encontrará,  aunque para encontrarlo primero hay que querer buscarlo y nadie lo hará porque nadie sabe en que  estaba trabajando.  Era un transportista secreto ni su mujer sabía de su misión.  
¿El veneno?  No era mortal,  si le  hubiera matado , nunca hubiera llegado hasta el manuscrito. 
Es más  si este veneno fuera mortal , nunca se lo hubiera puesto al padre Aurelio.  Si, como lee el padre Aurelio esta vivo, soy yo mismo,es más yo soy Mons George Fratelo y Mons Señor Martinni y el Padre Matías,  Somos la misma persona. 
Realmente el único que sabía del paradero del manuscrito era Don Carlos, yo mismo le hablé y lo puse en alerta de una orden nueva  llamada El último nombre de Jesús, una organización en busca del manuscrito.
Me  enteré de la existencia del manuscrito debido a que vinieron a visitarme  , su intención era que me infiltrara, vigilará e intentará sonsacar algo al  padre Carlos . En  sus investigaciones estaban cerca pero yo mismo me encargué de alejarlos, pues les dije la verdad,  al padre Carlos no lo había visto en mi vida. Me  enseñaron el logotipo de la imagen que buscaban, me contaron  su historia, su poder y me hablaron de que  la única persona que sabía su dirección era el Padre Don  Carlos.  Al ver la cabeza de ciervo la identifique al momento, era la cabeza de una llave que llevaba guardando en la suela de mi zapato muchísimos años. Me la entregó  el mismísimo Papa en un consistorio  , claro la llave nunca iban a buscarla cerca de la puerta. Lo único que me encargó fue que nunca hablará de ella y que nunca la perdiera. Siempre me pregunté que podía abrir esa llave hasta que lo vi.

Visite la iglesia de Don Carlos,  registré su despacho y se lo  desordené, días después  me puse en contacto con él vía carta y  le hablé  de que alguien me había registrado en busca de  algo . Fue cuando le hablé  de la orden y de que su corrupción estaba llegando a las altas esferas del Vaticano. Alguien de las altas esferas podría haber filtrado los nombres de los  sacerdotes que lo sabían.  Esa misma tarde envío una carta certificada al Vaticano que yo mismo intercepte.   La contestación ya la sabe. Le envié una carta que usted mismo leyó donde le comenté que sólo habían tres personas en el mundo que  conocían de la existencia del manuscrito, ninguna de las tres nunca nos habíamos conocido.  Lo cité para que nos reuniera  en el lugar del manuscrito a los tres , cuando entró en la iglesia de San Miguel de Almazan lo recibí yo mismo como el padre Matías, pronto se dio cuenta de que algo no le cuadraba cuando le intenté sonsacar la dirección del manuscrito, le tuve  que dispar en el estomago para matarlo, después apareció usted . Me vino a la perfección, su coche esta ahora mismo con una escopeta y un muerto en el maletero con sus huellas.  
Después usted vino a mi parroquia, ya lo esperaba ,  solo tenía el tiempo de ponerme el veneno y desordenar mi despacho para que pareciera que alguien había pasado por allí antes que usted.  Lo único que pretendía con fingir mi muerte era que usted huyera y se deshiciera  del cuerpo de Don Carlos para eliminar pruebas. Pero usted decidió jugar a Sherlock Holmes,  y descubrió de una manera super ágil el escondite de la llave que llevaba guardando unos diez años en la suela de mis zapatos. Cuando usted leyó la carta yo estaba despierto y me di cuenta al quitarme los zapatos que usted sería la persona capaz de llevarme hasta el manuscrito.  Lo demás ya lo sabe ...
Descanse en paz.

Atentamente  
Padre Aurelio.